Estamos enfrascados en la frenética compra de regalos. Hemos llegado a tales niveles de consumismo que es obligatorio pararse a pensar sobre si nuestra manera de regalar es la más correcta y educativa o no.
Los psicólogos explican que más de tres o cuatro regalos hace que los chavales minusvaloren las cosas materiales y no aprecien su valor real. Se les pueden guardar y dárselos poco a poco a lo largo del año y hay que evitar que reciban todo lo que pidan.
Los niños ya saben lo que van a recibir en la mayoría de los casos. Cuidado, no les estemos privando de la ilusión. Los adultos debemos pensar qué regalos son los más adecuados para su edad y desarrollo emocional.
La moda la marcan los anuncios de la televisión que es una verdadera industria de creación de sentimientos de carencia y de generación de necesidades artificiales.
¿Qué podemos hacer?
Potenciemos los juegos para estar en familia y con los amigos frente a los juegos en los que están solos y aislados. Desaconsejamos todo lo que son juegos de violencia de las videoconsolas. Los niños no se traumatizan por no tener el juguete de moda o porque su amigo tenga una consola y él no. Este miedo es de los padres.
Si el niño tiene claro que le han traído un regalo especial para él, estará encantado porque si el niño está satisfecho, valorado y querido estará encantado con lo que le traigan.
El mejor regalo.
Esta Navidad regalemos “tiempo” a nuestros hijos. Necesitan mucho que pasemos tiempo con ellos. Así de fácil y barato. Quien da su tiempo, da su vida ¿Se puede querer más? ¿A quién no le gusta que un ser querido le haga un regalo entrañable en un día especial?
A todos los padres nos emociona que nuestro hijo reciba por reyes ese regalo que tanto espera y que tanta ilusión le hace. Pero, como los españoles no tenemos término medio, gastaremos estas fiestas casi 300 € en regalos para cada niño. Bastante más que Alemania, aunque tengamos casi la mitad de renta que ellos.
Somos los que más gastamos en cenas y comidas navideñas de toda la Unión Europea. ¡se nos ha ido la pinza! Y es que la estrategia de mercadotecnia de los gurús de “Yanquilandia” está haciendo el agosto con nosotros, que nos cabe el Titanic. Ya nos colocaron Halloween y ahora nos meten con calzador el Black Friday y el Cyber Monday como si nuestras familias llevaran toda la vida celebrando el antes y el después del Día de Acción de Gracias. Estamos copiando su fe en los “templos comerciales”.
Pero para fe la de Santa Claus, la mascota de la Coca Cola en su campaña publicitaria de 1930. Pues ¿no parece que el que nace en Navidad es Papá Noel?
Puestos a adorar mascotas, me quedo con Palmerín; la mascota de mi Betis. Pero, nosotros tranquilos, no tenemos por qué preocuparnos por el futuro del planeta ni por el materialismo y la superficialidad que podamos estar metiendo en el cerebro y en el corazón de nuestros hijos.
¿El tema merece una reflexión, o no? Ahí lo dejamos.
¡Ánimo, que merece la pena!
