El adolescente es una persona que ha salido de la niñez y camina desde la pubertad hacia el completo desarrollo de su organismo.
“Adolescente”, en su procedencia latina, significa “el que está creciendo”. Por tanto, nos estamos refiriendo a una persona que está en plena ebullición. Es decir, está en un estado interno de profunda agitación como consecuencia de los numerosos cambios físicos, psicológicos y sociales por los que está atravesando.
Familiarmente conocemos esta edad como la “del pavo”. Los padres que tenemos hijos adolescentes sabemos lo que son esos profundos cambios y lo difícil de llevar que son. Por ello, la palabra clave es PACIENCIA. La paciencia es nuestra principal herramienta para sobrellevar esta dificilísima edad por la que atraviesan nuestros hijos adolescentes.
Para potenciar la paciencia y guiar adecuadamente a nuestros hijos adolescentes tenemos que conocer convenientemente cuáles son los cambios físicos, psicológicos y sociales por los que atraviesan la mayoría de las personas en esta etapa dura de la vida. Conocer estos cambios nos ayudará a comprenderles mejor, a tener más paciencia con ellos y a guiarles con todo el amor que les tenemos.
En la adolescencia se produce una gran aceleración en el ritmo de su crecimiento. Comprobamos cómo se da un notable incremento de la estatura y del peso. A menudo observamos la torpeza en sus movimientos. El cansancio y las apatías son permanentes.
Nuestra actitud debe ser la de promover siempre un cambio de la actividad. Debemos estar pendientes de regular su descanso. Es importante la actividad física. Como consecuencia de estos cambios en la imagen física, a los adolescentes le preocupan las espinillas, la altura, la gordura, la nariz, la boca, la grasa, el pelo… se quejan de su aspecto físico, por un lado y, por otro aparecen manifestaciones narcisistas. Es decir, que se cuidan demasiado de su adorno y compostura.
Nuestro papel como educadores debe ser la de procurar un correcto desarrollo de actitudes de cuidado y de aseo personal. También debemos promover actividades para el conocimiento y la aceptación de sí mismo. Es importante la potenciación y el descubrimiento de otras capacidades. Especial consideración con los chicos/as que se vayan acomplejando por alguna desventaja física ya sea real o figurada.
Habría que potenciarles la autoestima de una manera también especial.
En esta etapa se da la aparición del vello púbico y axilar, en los chicos, los cambios de voz, el vello facial, el crecimiento de los senos y la anchura de la pelvis de las chicas. Se produce la maduración de los órganos sexuales, se presenta ya la capacidad de reproducción, la menstruación, la eyaculación, la masturbación y, por desgracia, los embarazos no deseados y los contagios también indeseados. Tenemos que plantearnos la información y educación sexual de una manera objetiva, no moralista ni dogmática.
Es todo un reto para los padres.
¡Ánimo, que merece la pena!
