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ESPIRITUALIDAD Y SENTIDO DE LA VIDA

la creencia no empieza en un templo

En plena Semana Santa es frecuente escuchar algunos comentarios como:  «No quiero enseñarle ninguna religión a mi hijo o hija. No quiero influir sobre él o ella; quiero que la elija por sí mismo/a cuando sea mayor».

Pero la persona adulta en ningún caso puede escaparse a la responsabilidad de influir sobre el niño o niña; ni siquiera cuando se impone la enorme responsabilidad de no hacerlo. Los padres pueden educar al hijo o hija sin elegirle una religión; pero no sin elegirle un medio ambiente.

Si ellos optan por dejar a un lado la religión, están escogiendo ya el medio ambiente; y además, un medio ambiente antinatura. Los padres, para que su hijo o hija  no sufra la influencia de supersticiones y tradiciones sociales, tendrán que aislar a su hijo o hija en una isla desierta y allí educarlo/a. Pero los padres están escogiendo la isla, el lago y la soledad; y, son tan responsables por obrar así como si hubiera escogido una secta de las muchas que hay.

La religión es una dimensión de la persona. Es educar en el sentido de la vida. Y ése es un deber irrenunciable para los padres. Decía Gandhi que hay tantas religiones como personas humanas. Y es verdad. Pero lo cierto es que nuestra cultura está impregnada de la religión. También nuestra historia y nuestra civilización. Por ello, debemos huir de planteamientos evasivos que plantean que educar la religión es una cuestión para cuando sean mayores.

La religión, sea la que sea, es una realidad -una dimensión de nuestras vidas- y debemos afrontarla como la política, la economía y la cultura. Es nuestra responsabilidad como padres educarles religiosamente de la mejor manera que creamos posible.

Nuestra sociedad es hoy; y ha sido durante los últimos dos milenios, evidentemente cristiana. Nuestra sociedad está impregnada de los valores cristianos fundamentados en el amor al prójimo. Pero somos libres para educarles en lo que creamos mejor para ellos/as. Puede ser en otra religión. Lo que sí es importantes es que seamos respetuosos y tolerantes con los demás. La Solidaridad es el valor religioso supremo.

Por tanto, podemos huir de planteamientos incoherentes y podemos inculcarles a nuestros hijos/as los valores propios de nuestra cultura. No hay más que ver la Semana Santa en Andalucía para adivinar cuáles son los resortes de nuestra historia, de nuestra cultura y de nuestra civilización.

No debemos tener pudor en mostrarles a nuestros hijos/as el mejor camino que creemos posible. El camino de la perfección, el camino de la humildad, el camino del amor. Y la mejor manera de hacerlo es como siempre: con nuestro ejemplo. Eso, considero que es la formación religiosa.

Ánimo, que es un tema apasionante. Y controvertido…

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